El Covid… es complicado

El Pasado: una anecdota con final feliz

Hoy empezamos con una cosa que me pasó hace ya muchos años y que servirá para ilustrar varias de las ideas que vamos a ver más adelante.

Había quedado con amigos en una terraza en la calle Almagro de Madrid y según llegaba en mi viejo Opel Kadett les vi sentados en una mesa, justo al lado de una plaza libre ¡qué buena suerte! 😄

Puse el intermitente a la derecha, paré un poco más adelante del espacio y entonces según miré hacia atrás para empezar la maniobra vi que mi coche iba dejando detrás de sí una nube blanca enorme ¡qué mala suerte! 😩

Hice el giro, aparqué en un instante y al apagar el motor me di cuenta de que el coche estaba soltando vapor y haciendo ruido cual olla exprés. Como era evidente que no se podía hacer nada hasta que todo se enfriase, salí del coche y, mientras toda la gente que habían en terraza y en la calle miraba con cara de asombro/burla/lastima al pobre desgraciado al que estaba a punto de explotarle el coche, me senté con mis amigos como si tal cosa. Incluso cogí una de las cervezas que tenían y le di un trago, ya por rematar el show…

Al cabo de un par de horas probé a arrancar el motor y vi que el problema era que el ventilador no funcionaba, así que el agua del circuito de refrigeración hervía al sobrecalentarse. Eso me daba unos 15 minutos antes de que volviese a pasar lo mismo, justo lo que tardé en llegar a casa.

Por pura casualidad, en aquel momento mi madre estaba en proceso de cambiarse de coche, así que dimos el mío, que ya tenía muchos años, para el plan renove y yo me quedé con el suyo antiguo ¡qué buena suerte otra vez! 😄

En este momento te estarás preguntando qué Covids tiene esto que ver con la pandemia. Pues ahora vamos con ello.

Si en lugar de hace muchas lunas, esta situación hubiese ocurrido el pasado verano, las cosas quizás no habrían seguido un arco narrativo digno de Disney (alegría — tensión — alegría) y tenido un final tan feliz, ya que mi madre no habría podido comprarse un coche nuevo tan fácilmente. ¿Y por qué es eso? Pues de eso precisamente trata este artículo.

El Presente: vivimos en un mundo complejo

Si, como yo, no trabajas en un sector que trate con productos tangibles, entonces probablemente no eres muy consciente de uno de los principales efectos a largo plazo del Covid. Uno que todavía a día de hoy, en septiembre de 2021, tras más de año y medio de pandemia, tiene el mundo patas arriba y sin visos de mejorar hasta finales de 2022. Como mínimo.

Estamos hablando del caos en la producción de bienes físicos.

La producción de coches se ha desmoronado por completo. En el Reino Unido, en junio se produjeron 69k nuevos coches, la cifra más baja desde hace casi 70 años con la única excepción del año pasado, y a nivel global se estima que en 2021 se fabricará entre un 10 y un 12% menos vehículos de las previsiones (7 y 9 millones), que ya para empezar eran conservadoras, después de que Toyota, Ford, Jaguar Land Rover, Renault, Volkswagen, Nissan y Volvo hayan tenido que ralentizar o incluso detener temporalmente la producción en sus fábricas.

Con los bienes de consumo, las cosas están igual o peor. Ahora mismo resulta prácticamente imposible comprar una consola Sony PS5, Samsung ha retrasado el lanzamiento de varios modelos de esmarfones de alta gama y Apple ya ha avisado de la escasez de nuevos iPhone y MacBook.

Más ejemplos anecdóticos:

  • En la zona donde vivo, la gasolina ha subido un 50% desde el principio de la pandemia, de menos de $2 a más de $3.
  • Este fin de semana pasé por Ikea y me recordó a algo que solo había visto en los mercados de La Habana; lineales medio vacíos y la gente llevándose las muestras de exposición.
  • Mi amigo que trabaja en mantenimiento de edificios me acaba de contar que lleva un tiempo buscando proveedores para cambiar las lámparas de un auditorio (decenas de miles de euros) y todos le dicen lo mismo: sin problema, pero la entrega será en agosto 2022.
  • Las tiendas de bicis no consiguen nuevo stock, ayer vendí por $500 una bici que compré en 2013 por $400 y que tenía el cable de cambio de plato completamente… jodido, no hay otra palabra.

Causas: los ecos del confinamiento

¿Pero buadefac está pasando? ¡Si los políticos y medios de comunicación llevan meses diciéndonos que por fin hay una vacuna y lo peor ya ha pasado…!

La explicación (al contrario que el problema y menos aún la solución) es relativamente sencilla; ahora nos está llegando el eco de los efectos iniciales del Covid.

Me explico; en un sistema altamente complejo, cuando falla alguno de sus componentes, lo normal es que los efectos no se manifiesten hasta al cabo de un tiempo, en parte porque los demás componentes podrán continuar funcionando con relativa normalidad durante un tiempo, incluso aunque eso agrave los problemas a la larga. Pero la clave es que el resultado final de un proceso depende de que todos sus elementos funcionen perfectamente. Como hemos visto antes, aunque a un coche, le falle el ventilador, podrá seguir circulando durante un tiempo antes de que el motor se recaliente tanto que reviente.

Pero un coche es un sistema bastante sencillo. Cuanto más complejo es un proceso, más tiempo tardan en sentirse los efectos de un problema en cualquiera de sus componentes.

Y en este caso, el proceso complejo del que estamos hablando es nada menos que el comercio global, el problema ha sido el Covid y los elementos que han fallado han sido principalmente dos, que están muy estrechamente interrelacionados y que al mismo tiempo constituyen procesos muy complejos en sí mismos: la producción de materias primas y el transporte.

Materias primas

El primer paso para poder vender algo es fabricarlo y cualquier producto que queramos fabricar requiere de unas materias primas. Pero el Covid frenó en seco la producción de todas las materias primas en todo el mundo porque las materias primas no solo hay que extraerlas, también hay que procesar y refinarlas. Pero las operaciones de esa envergadura no se detienen y arrancan al instante cual motor de un coche, ni siquiera de un día para otro. En algunos casos, la puesta en funcionamiento de una planta puede llegar a demorarse meses, desde que se da la primera orden de inicio hasta que se empieza a obtener el material terminado.

  • Metal: El precio del acero ha aumentado un 100%, desde unos $400 por tonelada a mediados de 2020 hasta unos $700 en la actualidad. Esto se debe a que los dos componentes principales del acero, el mineral ferroso y la chatarra, se vieron negativamente afectados por la pandemia. Las minas de hierro de Sudamérica, una de las principales productoras, se cerraron por los confinamientos que causó el Covid al principio. Al mismo tiempo, el colapso actual en la producción de coches ha hecho que las flotas no se renueven y menos vehículos acaben en los desguaces, que son una de las principales fuentes de chatarra (me encantaría saber qué productos de hoy en día tienen parte mi coche antiguo). Y por supuesto, esas mismas minas sudamericanas también producen otros metales esenciales para los procesos de fabricación, como cobre o zinc.
  • Plástico: El precio de casi todos los plásticos ha aumentado un 80%. Estados Unidos, el principal productor del mundo, además de los cierres por Covid, sufrió huracanes el verano pasado y heladas que mermaron la red eléctrica en invierno, por lo que el sector todavía no ha logrado recuperar un ritmo normal.
  • Madera: El precio de la madera también se ha disparado, desde unos $130 por m³ antes del Covid a un pico de $700 en mayo de 2021.

Y todo esto llegó durante la disputa comercial entre EE.UU. y China antes del Covid, que tenía a todas las fábricas en jaque, deshaciéndose del inventario y reduciendo la producción en preparación para las subidas de tasas.

Pero eso no es todo, porque después de producir y refinar las materias primas, todavía hace falta transportarlas a su destino, y ese es el otro problema.

Cadenas de suministro

El Covid ha desatado un tsunami sin precedentes en el sector del transporte, ya que vivíamos en un mundo con cadenas de suministro completamente optimizadas, hasta el mínimo detalle y sin apenas margen de error.

Actualmente, transportar un contenedor estándar desde Asia a Europa cuesta DIEZ veces más que en enero de 2020 (desde $1.500 hace apenas un año a más de $15.000 en la actualidad).

Para colmo, en 2021 hemos tenido otro suceso insólito con el bloqueo durante más de una semana del Canal de Suez, por donde pasa más del 12% del crudo y gas natural del mundo, en su camino para ser utilizados tanto como materias primas para producir plásticos, como también combustible de las fábricas y de las propias cadenas de suministro. Según algunas estimaciones, esa “ráfaga de viento” (ejem) que causó el tapón podría haber costado al comercio global entre 6.000 y 10.000 millones de dólares y haber reducido el comercio mundial anual en un 0,2 a 0,4%.

Y además las cadenas de suministro también tienen que transportar los productos terminados en los que se transforman las materias primas.

El Futuro: la pregunta del millón

Todo esto nos lleva a la pregunta que todos nos hacemos: ¿cuándo vamos a volver a la normalidad?

Antes de llegar a eso, debemos entender un concepto muy simple, la velocidad de cualquier proceso siempre está limitada por la de su elemento más lento.

Es decir que por mucho que todo el mundo se vacune y se contrate a más trabajadores en minas, fábricas y cargueros, seguiremos estando a merced del elemento más lento de TODA la cadena de producción — suministro — fabricación — distribución.

Entonces, ahora mismo ¿cuál es ese elemento?

La respuesta a esa pregunta es: otro proceso complejo. Quizá porque las desgracias nunca vienen solas o quizá porque no puede haber dos sin tres, la falta de materias primas y la interrupción de las cadenas de suministro se han unido para tener un bebé, el anticristo del comercio global: una escasez de microchips.

Chipocalipsis

Esta situación se venía cociendo desde hace años. La industria de los microchips ya estaba ahogada y apenas podía mantener el ritmo de una demanda que ha explotado en los últimos años a medida que la tecnología ha ido permeando todos los productos. Al mismo tiempo, todos los países están desplegando redes móviles completamente nuevas, los más avanzados de 5G y los menos de 4G o 3G.

En esta coyuntura, el Covid ha sido la gota que ha colmado el vaso, por un lado cortando el suministro al forzar el cierre de todas las fábricas del mundo y por otro multiplicando la demanda cuando las familias han tenido que trabajar y estudiar desde casa, necesitando ordenadores, tablets, monitores, webcams y altavoces nuevos.

Por si eso fuera poco, una vez más la mala suerte ha empeorado la situación, con las tormentas del invierno en Texas que obligaron a cerrar varias fábricas, un incendio en una planta en Japón y más cierres tras producirse rebrotes de Covid en Malasia.

Los fabricantes de microchips han intentado aumentar su capacidad pero lamentablemente eso no resulta tan sencillo. Aparte de la escasez de materias primas, como ya hemos mencionado, los procesos altamente complejos implican un periodo de arranque y funcionamiento proporcional a su complejidad. Y precisamente los microchips son de los productos más complejos que se fabrican en el mundo. Construir una fábrica de microchips cuesta miles de millones de dólares, requiere varios años y además después necesita de un personal altamente cualificado, por lo que sus operaciones conllevan un periodo de producción irreducible de entre uno y dos años.

Para colmo, si queremos continuar fabricando nuestros productos pero no hay suministro de los microchips que necesitamos, no tenemos la posibilidad de simplemente intercambiar los chips habituales por otros similares, porque tendríamos que reescribir todo el software asociado o nada funcionaría. Sería algo así como intentar poner una cinta de VHS en un reproductor Betamax.

Y ahora que ya sabemos cuál es el factor limitante del proceso, podemos intentar ver lo que nos depara el futuro.

Y la respuesta es…

Según dicen AMD, Foxconn y básicamente todos los fabricantes de microchips, la escasez de microchips va a durar, como mínimo, durante todo 2022 y hasta entrado 2023. Y eso siempre y cuando no se produzca ningún nuevo contratiempo.

Hoy en día, la mayoría de los productos son básicamente ordenadores con algunas piezas añadidas. De modo que no solo PCs, esmarfones y consolas, sino todo lo que lleve microchips, incluyendo objetos como televisores, hornos y bicis eléctricas, se va a ver afectado. Esto resulta especialmente cierto en el caso de los coches. Antes uno podía levantar el capó y ver si el ventilador funcionaba, pero ahora hay que llevar el coche al taller para que le enchufen un ordenador y él mismo nos diga cuál es el problema.

Conclusiones

Y ahora que sabemos todo esto, terminamos intentando extraer conclusiones útiles.

  • Particular — a río revuelto, ganancia de pescadores

Vivimos una época ideal para quien quiera deshacerse de un coche o bicicleta o consola. Pero quizás valga incluso más la pena guardarlos para estas Navidades.

Incluso en tiempos normales, los coches de renting son una estafa (salvo que los pague una empresa), pero para quien tenga uno, ahora que han subido tanto los precios es el momento de aprovechar la cláusula que permite comprarlo barato para poder revenderlo.

Y otra cosa más, este Black Friday se anticipa divertido. Me espero vídeos maravillosos de peleas por llevarse lo poco que haya en las tiendas, en plan circo romano o cúpula del trueno. Estamos en septiembre, quedan varios meses y ya estás avisado de lo que va a pasar, no seas ese cretino que lo deja para el último momento.

  • General — son tiempos de esencialismo

En lugar de beneficiarse como un pescador, cualquier entidad (personas, empresas, países, economías) que no sea capaz de adaptarse a cambios en su entorno lo pasará muy mal durante épocas turbulentas. Y si esos cambios alcanzan un nivel extremo, acabará por extinguirse.

A nivel individual, si nuestro ego y autoestima van ligados a bienes materiales, si no tenemos la flexibilidad como para rebajar nuestro nivel de vida, ni siquiera de forma temporal, entonces todo lo que hemos amasado, todos esos objetos que nos creemos que poseemos, en realidad son ellos los que nos poseen a nosotros.

En cualquier momento, pero sobre todo en época de cambios, siempre es mejor reducir nuestra presencia física y mental. Esto no quiere decir que nos tengamos que volver ascetas minimalistas, sino que hagamos un poco de introspección para saber qué cosas nos resultan verdaderamente esenciales.

Así podremos pasar de consumismo a con-su-mismo: con su mismo pantalón, con su mismo esmarfón, con su mismo coche…

Séneca lo expresó perfectamente en su Epístola 18 a su alumno Lucilio, Sobre Fiestas y Ayunos:

Cada cierto tiempo, dedica algunos días a contentarte con alimentos escasos e insulsos, con ropas ásperas y vulgares, y pregúntate a ti mismo: “¿Es esto lo que tanto temía?”

Publicado originalmente en http://pensamientospandemicos.wordpress.com el 17 de septiembre de 2021.

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